«El amor sería una breve parada entre los aislamientos. Hoy pienso en un tiempo final con una mujer, con la que coincidir como lo hacen las rimas, al término de la palabra»
Hoy hace 6 años que tuve la inmensa fortuna de tropezarme con T. Aunque hace ya mucho (demasiado) tiempo que nuestros caminos divergieron, solo puedo agradecer la suerte que tuve de conocerlo. Para T: Ojalá estés bien y seas feliz, allá donde te encuentres. Gracias.
Y ahora, en estos días sin incidentes donde la vida asume el lustre de una sombría quietud, y el pálido tono leproso de la virtud me fatiga, me cansa, pienso en ti, quien me atrajo a su sedoso lupanar, perfumado con almizcle y el morado nenúfar, la caverna de un demonio en una isla oriental, una oscuridad iluminada por tu sonrisa de jacinto. Lilith, las telas de la medianoche de tu cabello a través de mi camino errante han tendido una trampa, un laberinto de sutiles brujerías que irresistiblemente me atan.
«A veces me pregunto dónde estarás ahora,
después de tantas noches sin tu mano en la mía,
noches de abrir un libro para esperar la aurora,
noches de largo viento por la calle vacía.»
De mirarte tanto y tanto,
de horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, pasmo a pasmo,
te he dado nombre; los ojos
te encontraron, mirándote.
Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado!
Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía,
y no volver el rostro para verte pasar.
Puedo apretar mis labios un día y otro día
y no puedo olvidar.
Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente,
casi aburridamente, sobre un tema vulgar,
puedo decir tu nombre con voz indiferente
y no puedo olvidar.
Puedo estar a tu lado como si no estuviera,
y encontrarte cien veces, así como al azar.
Puedo verte con otro, sin suspirar siquiera,
y no puedo olvidar.
Ya ves: Tú no sospechas este secreto amargo,
más amargo y profundo que el secreto del mar,
porque puedo dejarte de amar, y sin embargo
¡no te puedo olvidar!
"Con miedo o no, es un acto del más profundo amor permitirse a uno mismo ser movido por el alma salvaje de otro. En un mundo donde los humanos tienen tanto miedo a "perder", hay demasiados muros que nos protegen de disolvernos en lo luminoso de otra alma humana"
Fragmento de "Mujeres que Corren con los Lobos" de Clarissa Pinkola Estés
«Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!»
Soy la que soy. Casualidad inconcebible como todas las cosas.
Otros antepasados podrían haber sido los míos y yo habría abandonado otro nido, o me habría arrastrado cubierta de escamas de debajo de algún árbol.
En el vestuario de la naturaleza hay muchos trajes. Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte. Cada uno, como hecho a medida, se lleva dócilmente hasta que se hace tiras.
Yo tampoco he elegido, pero no me quejo. Pude haber sido alguien mucho menos personal. parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre, partícula del paisaje sacudida por el viento.
Alguien mucho menos feliz, criado para un abrigo de pieles o para una mesa navideña, algo que se mueve bajo el cristal de un microscopio.
Árbol clavado en la tierra, al que se aproxima un incendio.
Hierba arrollada por el correr de incomprensible sucesos.
Un tipo de mala estrella que para algunos brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente, o sólo asco, o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido no en la tribu debida y se cerraran ante mí los caminos?
El destino, hasta ahora, ha sido benévolo conmigo. Pudo no haberme sido dado recordar buenos momentos.
Se me puede haber privado de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera, lo que habría significado ser alguien totalmente diferente.
Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas de alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
Puede que esta imagen en blanco y negro nunca más vuelva a ser real. O tal vez se repita dentro de unas semanas, unos meses, años, o dentro de otras vidas. Pero me gusta pensar que ese chico eres tú y la chica que te besa soy yo. Y que esa pareja, que está desnuda haciendo el amor, somos nosotros.
Me gusta pensar, que por fin conoceré un amor sincero. Un amor que me haga más auténtica, que realmente me haga volar hasta las estrellas. Que por unas horas el mundo que nos rodea sea menos corrupto, que por unos instantes nosotros también seamos mejores, construyéndonos el uno dentro del otro.
Alma junto a alma, cuerpo junto a cuerpo. Y que todo el universo que ambos creamos sea extraordinario.
Me gusta creer que las cosas imposibles, pueden ser posibles con sólo mirarte. Me gusta pensar que el romanticismo aún vive en tus ojos, que no eres tan sólo un amante. Y que transciendes la pasión para llevarme a mí también de la mano. Me gustan las meras ilusiones basadas en viejos deseos.
“Ilusiones basadas en viejos recuerdos” Erika Münchaussen
La primera asociación mental que solemos hacer con la palabra “Renacimiento” es con Italia. Sin embargo, hay un Renacimiento con características independientes al italiano que se da “al norte de los Alpes”, fundamentalmente en Alemania y Flandes.
El Renacimiento italiano, en términos muy generales, se “preocupa” más por la perspectiva, la ilusión del espacio y las proporciones. Los del norte están más obsesionados por la descripción detallista, minuciosa.
Leonardo da Vinci es para el Renacimiento Italiano lo que Durero para el resto de Europa. Y ambos son contemporáneos.
Algo a destacar (y que explica la asombrosa obra del alemán), es que, cuando viaja a Italia, toma muchas cosas de los italianos. De ellos toma el ejemplo de la escultura clásica como para experimentar y aprender sobre volumen, proporciones y perspectiva. Por supuesto que sin dejar jamás de lado su obsesión tan del norte: el detallismo (no es una coincidencia que el oficio de su padre haya sido el de orfebre). Y, como si fuera poco, sabe dotar a sus figuras de tal expresividad que las vuelve muy humanas.
De toda la magnífica obra de Durero, que además es uno de los grandes grabadores de la historia, he elegido un retrato por una cuestión especial: no se trata sólo de un autorretrato, sino que se trata del retrato de un artista.
Imaginémonos en la época del Humanismo, movimiento optimista que destaca las cualidades propias de la naturaleza del hombre (Humanismo y Renacimiento van de la mano). La razón pasa a tener un valor supremo y en las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento. Durero, al igual que Leonardo, es un defensor de las nuevas ideas y entre sus preocupaciones humanísticas también está la del status social del artista.
El Humanismo propone la formación integral del hombre, y ello hace que se ennoblezcan las artes y se reivindique la consideración social del artista, que logra por primera vez superar la importancia que se le da a los gremios de artesanos.
Es por eso que Durero es el artista del Renacimiento, incluido el italiano, que se autorretrata más veces. Se retrata como es común retratar a los poderosos mecenas. Tal es así que aquí podemos observar el orgullo con el que se "ve a sí mismo" en su figura de artista. Un artista de una belleza poco común y vestido como un protagonista de la sociedad de aquel entonces.
Tal día como hoy, hace 71 años, se escribió uno de los episodios más vergonzosos de nuestra historia reciente, de los que le dan alas a aquellos gurús descreídos del valor de la humanidad como conjunto de personas. He dudado, como todos los años, si publicar o no al respecto y, finalmente, he decidido que sí, me merece hacerlo. Se merecen que lo haga.
Sirva esta flor de loto como humilde símbolo de reconocimiento de aquel fatídico día para la humanidad y como homenaje al pueblo de Japón. Ojalá su paz y serenidad nos ilumine.
Como ondas luminosas que caen,
Con un movimiento natural,
Sobre la orilla infernal
De un espumoso Océano;
Una rosa salvaje se arrastra por el muro,
Un racimo de sol cae en la sala en ruinas,
Cuerdas de una melodía alegre en el funeral,
Tan triste que ha logrado confortar
Este profundo corazón soberbio,
Tan ansioso y doloroso,
Tan confundido y apenado,
Con pensamientos de intolerable cambio,
-Tal es aquel contraste extraño-
Y tu voz inolvidable, tu acento arribando
Como viajero desde el extremo del mundo
Hasta su antiguo palacio.
Fragmento de "La voz", de Matthew Arnold
Nota: Hoy hace dos años que tuve la inmensa fortuna de estrellarme contra T. Sé que no debo escribirle, que he de mantenerme alejada para hacerlo más fácil, pero no lo olvido. Ni quiero hacerlo. El poema que he elegido fue uno de los primeros que compartí con él, así como la pintura de Cozens. Como melodía...su querido Local Hero
En el espejo de la noche mi silencio te aúlla Tu silencio me embiste, me rasga, me lesiona Y muda me inculpa tu garganta de arena. Palabra ahorcada en tu bruma de soles Petrifica ensueños e inverna el deseo. Me voy Me voy a l'orage que hace gemir la tierra Me voy sin recuerdos, me voy con tu presencia. Voy a beber desiertos Me voy a la tormenta Con fiereza de ángel clausuro los deleites Y con un bisturí extirparé nuestros cuerpos Del núcleo de la magia y de lo inagotable. Me voy Voy a remontar el plenilunio Penetrada por lágrimas de lluvia Voy a encender orquídeas en glaciares. Huracán de cristal, corazón urgido, Voy a eternizar nuestro misterio. Me voy de tu cuerpo para persistir tu alma Me voy para permanecernos.
Cristina Castelló
Dedicatoria:Hace días, semanas ya, que necesitaba publicar, pero la tristeza que atenazaba mi alma lo impedía. Incluso me planteé abandonar el blog. Pero no lo haré porque es el jardín al que acudir para envolverme en la fragancia de la vida que hiciste florecer. Gracias por ser la chispa que inició la vida. Gracias por hacerme sentir. Te quiero y te querré.