Esta noche la luna no quiere que yo duerma. Esta noche la luna saltó por la ventana. Y, novia que se quita su ropa de azahares, toda ella desnuda, se ha metido en mi cama.
Viene de lejos, viene de detrás de las nubes, oreada de sol y plateada de agua. Viene que huele a besos: quizá, esta misma noche, la enamoró el lucero galán de la mañana.
Viene que sabe a selva: tal vez, en el camino, la curva de su cola rozó con la montaña. Viene recién bañada: acaso, bajo el bosque, al vadear el arroyo, se bañó en la cascada.
Viene a dormir conmigo, a que la goce y bese, y a cantar la mentira de que a mi solo me ama. Y como yo, al oírla, por vengarme, le digo "mi amor es como el tuyo", ella se ha puesto pálida.
Ella se ha puesto pálida, y al besarme la boca, me ilumina las sienes el temblor de sus lágrimas. Ahora ya sé que ella, la que en suntuosas noches da su cuerpo desnudo, a mi me ha dado el alma.
Dime amiga, la causa de este ardiente, puro, inmortal anhelo que hay en mí: suspenderme a tu labio eternamente, y abismarme en tu ser, y el grato ambiente de tu alma inmaculada recibir.
En tiempo que pasó, tiempo distinto, ¿no era de un solo ser nuestro existir? ¿acaso el foco de un planeta extinto dio nido a nuestro amor en su recinto en días que vimos para siempre huir?
... ¿Tú también como yo? Sí, tú has sentido en el pecho el dulcísimo latido con que anuncia su fuego la pasión: amémonos los dos, y pronto el vuelo alzaremos felices a ese cielo en que otra vez seremos como Dios.
No pido sino tu sola presencia tu dorada voz y la tierna caricia de tu mano. No pido sino tu amor la sangre y tu deseo para mi tiempo. A cambio yo para ti como la planta para el rocío la rama para el pájaro la nube para el viento.