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14 sept 2020

Mensaje con instrucciones...


...para acompañar al Dr. Livingstone en su búsqueda de las Fuentes del Nilo. ¿Qué me dices, te apuntas?

Brendon Burton


"Y poco después, Ackronnion volvió a cantar en el palacio selvático de la Reina de los Bosques, no sin antes haberse bebido las lágrimas de su cuenco de ágata. Y fue una noche de fiesta, y toda la corte se congregó allí, y los embajadores del país del mito y la leyenda, e incluso algunos procedentes de Terra Cognita. Y Ackronnion cantó como nunca lo había hecho antes y ya no volverá a hacerlo. ¡Oh, cuán espinosas son las sendas de los humanos, cuán crueles sus contados días y su aflicción final, cuán vano su empeño! Y de la mujer... ¿qué diremos?... su perdición ha sido escrita junto a la del hombre por dioses apáticos, negligentes, con sus rostros vueltos a otras esferas. 

Comenzó más o menos así y luego la inspiración le embargó. No me es posible poner por escrito la conflictiva belleza de su canción: había en ella mucha alegría, mezclada con dolor; era como las vidas de los humanos; como nuestro destino. La canción provocó sollozos, los suspiros volvían en forma de ecos: los senescales y los soldados sollozaban y las doncellas gritaban; las lágrimas caían como lluvia de balcón en balcón. Alrededor de la Reina de los Bosques había un frenesí de sollozos y pesares. 

Mas no, ella no lloró." 

Lord Dunsany (1878-1957)


22 jun 2020

La intriga de un silencio...

Masao Yamamoto

« Tu silencio era un silencio fácil y sin viento, como el silencio de las nubes o de las plantas. Todo silencio es el reconocimiento de un misterio. Muchas cosas en ti parecían misteriosas.»

"Sonidos", Vladimir Nabokov


20 jun 2020

Indefinible

Fabián Recendez, "Y era usted, y era jueves, y era un sueño"


19 jun 2020

Nos ha dejado Carlos Ruiz Zafón

Gracias por tus letras. Ojalá tengas una eternidad plácida.


17 jun 2020

La necesidad de los Robadores de fuego




SEGUNDA CARTA (traducida por Ramón Buenaventura)
De Arthur Rimbaud a Paul Demeny
Charleville, 15 de mayo 1871
(fragmento) 


«El poeta es, pues, robador de fuego.

Lleva el peso de la humanidad, incluso de los animales; tendrá que conseguir que sus invenciones se sientan, se palpen, se escuchen; si lo que trae de allá abajo tiene forma, él da forma; si es informe, lo que da es informe. Hallar una lengua;

—Por lo demás, como toda palabra es idea, ¡vendrá el momento del lenguaje universal! Hay que ser académico, —más muerto que un fósil,— para completar un diccionario, sea del idioma que sea. ¡Hay gente débil que si se pusiera a pensar en la primera letra del alfabeto, acabaría muy pronto por sumirse en la locura!

Este lenguaje será del alma para el alma, resumiéndolo todo, perfumes, sonidos, colores, pensamiento que se aferra al pensamiento y tira de él. Si el poeta definiera qué cantidad de lo desconocido se despierta, en su época, dentro del alma universal, ¡daría algo más —la fórmula de su pensamiento,— la notación de su marcha hacia el Progreso! Enormidad que se convierte en norma, absorbida por todos, ¡el poeta sería en verdad un multiplicador de progreso! 

Este porvenir será materialista, ya lo ve usted; —Siempre llenos de Números y de Armonía, estos poemas habrán sido hechos para permanecer.— En el fondo, seguirá siendo, en parte, Poesía griega.

El arte eterno tendría sus cometidos, del mismo modo en que los poetas son ciudadanos. La poesía dejará de poner ritmo a la acción; irá por delante de ella.

¡Existirán tales poetas! Cuando se rompa la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por ella y para ella, cuando el hombre, —hasta ahora abominable,— le haya dado la remisión, ¡también ella será poeta! ¡La mujer hará sus hallazgos en lo desconocido! ¿Serán sus mundos de ideas distintos de los nuestros? —Descubrirá cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; nosotros las recogeremos, las comprenderemos.

Mientras tanto, pidamos a los poetas lo nuevo, —ideas y formas. Todos los listos estarán dispuestos a creer que ellos han dado satisfacción a tal demanda.— ¡No es eso!»

Arthur Rimbaud


15 jun 2020

Devoradores de libros XVIII

Joseph Farquharson


“Aunque no he entendido nunca nada de este mundo (y, en cambio, no sé por qué, entiendo muy bien lo que estoy escribiendo en este prólogo), aunque no he entendido nunca por qué vivo ni tampoco por qué un día estaré muerto, aunque no he entendido nunca nada, yo he seguido adelante buscando y encontrando siempre en la literatura, y paradójicamente en el absurdo, el sentido del mundo.”

"... el poder de las palabras, aunque a veces digamos que no las queremos o que no nos sirven o que no las entendemos nada."


E. Vila-Matas en “Aunque no entendamos nada”


2 jun 2020

Cuaderno de bitácora

Jorge B.F.


Querida Natalia, 

Ayer encontré entre los restos del naufragio, este lápiz y unas pocas hojas del cuaderno de bitácora. Por fortuna, solo están escritas por una cara. Las numeraré para no perderme y, sobre todo, para que no te pierdas tú. 

Anoche pasé un frío atroz. En esta latitud, la que sea, las noches son gélidas, aunque esta mañana hace un sol de justicia y apenas puedo protegerme bajo los árboles que hay cerca de la playa. No, aún no me atrevo a adentrarme en la selva. Pero me estoy quedando sin chocolate, el pan ya está mohoso y estoy dejando desnudas las palmeras, así que dentro de poco el hambre ganará la partida al miedo. 

Supongo que te habrán llegado ya noticias sobre lo sucedido. La tormenta nos atrapó en un instante y el barco se partió en dos como si fuera de papel. No sé cómo alcancé el bote salvavidas ni cómo las olas, tras unas horas interminables, me condujeron hasta aquí, inconsciente. Suerte de los escasos víveres que he encontrado en la orilla, y suerte de las lluvias que arrecian cada poco y que me proporcionan agua. 

¿Cómo y por qué he llegado a tener tanto, y cómo y por qué lo he perdido todo? 

Ahora me siento en el tronco de un árbol derribado por el viento y veo pasar las nubes y escucho el sonido de las hojas. Puedo trazar círculos concéntricos con mi índice en la arena, sin ningún otro afán. Camino arriba y abajo por la playa, sin alejarme en exceso de la cada vez más vacía caja de víveres, con las manos tras la espalda, dando vueltas a enigmas que dejé sin resolver antes de mi marcha, pensando en cómo solucionar todos aquellos asuntos que precisaban de mi atención, como si realmente fuera a regresar algún día.

Entonces, una ola de añoranza me arrastra mucho más ferozmente de lo que me arrastró hasta aquí la tormenta. Pienso entonces en el dibujo de tus manos que dejé inconcluso, en la suerte de pellizco indoloro que sentía en el estómago cada vez que cruzabas la puerta de mi estudio para posar, serenamente, mientras soportabas estoicamente mi cháchara. Salvo aquel dia que me dijiste "¿por qué no hablas menos y me besas más?" 

Creo que te he besado menos de lo que merecías. Que te he amado con torpeza. Pero nunca he besado ni he amado tanto. 

Se está acercando la noche, ya noto el frío en la planta de mis pies desnudos. Me hubiera gustado pensarte un poco más. Mañana rescataré el trozo de papel con la marca de carmín de tus labios, que un día dejaste distraídamente en mi baño. Lo guardo dentro de un pequeño agujero junto al lecho de hojas secas en el que intento dormir. Me volveré a sentar en el mismo tronco y pensaré en el día en el que pueda acabar el dibujo de tus manos. 

No me queda ya más papel. Solo espero hallar pronto una botella y una corriente certera. ¿Crees, amor mío, que tendré tanta suerte? 

Te quiere, 

Jorge


Jorge B.F.


19 may 2020

Brújula enloquecida



"…- ¿Alguna vez estuviste en Islandia, seannachie?

- Nunca.

- Alguna vez tendríamos que ir juntos. Un país extraño y feroz, con fuego en el vientre y vapor y fango caliente que salen burbujeando del suelo. Allí el mar es un monstruo…bajíos y corrientes furiosas, y peñas con las cuales nunca soñaste, que se yerguen en la bruma, y la brújula enloquecida, de modo que no sabes si vas o vienes…"

El verano del lobo rojo, Morris West


18 may 2020

¿Puede amar un corazón de madera?

Lorenzo Mattotti


«Es cierto, soy una especie de discapacitado del gran amor, y se supone que mi corazón postizo no es capaz de aguantar el terremoto emocional que siento cuando la veo, pero, qué le voy a hacer, late por usted.»

La Mecánica del Corazón, Mathias Malzieu


23 mar 2020

Háblales de la esperanza

Annie Louisa Swynnerton


«Cuenta que todavía hay esperanza, que la vida es más eterna que la muerte, cuenta que debemos seguir persiguiendo nuestros sueños, que debemos corregir nuestros errores, que debemos hacernos dignos y que, aunque lleguen los tiempos del cólera, habrá un espacio para el amor, para cumplir los sueños, para la felicidad.»

"El amor en los tiempos del cólera", Gabriel García Márquez

8 mar 2020

Ecos de una misa herética

Dorina Costra


(...)

Había congregado en torno de mí todos los dioses porque en ninguno creía, y experimentaba todos los placeres pues a ninguno me entregaba, sino que me mantenía distante, individual, indisoluble, como un espejo de acero bruñido. Bajo el triunfo de la imaginación contemplaba las aves de Hera, refulgentes a la luz de la chimenea como un mosaico bizantino; y ante mi mente, para la que el simbolismo era una necesidad, aparecían como los cancerberos de mi universo, excluyendo todo lo que no tuviera una belleza tan generosa como la suya; y por un momento pensé, como lo había pensado en tantas ocasiones, que sería posible despojar a la vida de toda amargura, con excepción de la amargura de la muerte; y entonces una idea que había seguido a la anterior, una y otra vez, me llenó de apasionada tristeza. Todas estas formas, aquella Madonna con su pureza pensativa, aquellos rostros fantasmalmente extasiados bajo la luz matinal, aquellas divinidades de bronce con su dignidad desapasionada, aquellas formas frenéticas precipitándose de desesperación en desesperación, pertenecían a un mundo divino en el que no tenía participación alguna; y cada experiencia por profunda que fuera, cada percepción, por exquisita que fuera, me aportaría el amarguísimo ensueño de una energía ilimitada que yo nunca podría conocer, pues incluso en el momento de mayor perfección estaría dividido en dos mitades, y una miraría con malos ojos los momentos de gozo de la otra.

(...)

Fragmento de Rosa alquímica, de W.B. Yeats

24 feb 2020

La Alhambra a la luz de la luna

Fuente de Lindaraja, Luis Soriano Quirós

Visité por primera vez la Alhambra en un viaje de estudios con el colegio, allá por 1992. Días antes, se lo había contado, en nuestras ya habituales y mágicas charlas, a la bibliotecaria del pueblo donde residía por aquel entonces y que, a base de verme con la naricita metida entre libros, se había convertido en mi particular cicerone. Ella puso en mis manos ávidas de conocimiento los Cuentos de la Alhambra, de Irvin Washington. Huelga decir que me atrapó y me sentí transportada a aquella lejana Granada de la primera mitad del siglo XIX. Fui descubriendo, de su mano y de la de Mateo, que se convirtiera en su criado, todas las leyendas y los cuentos que rodeaban la fastuosa ciudad, digna de las Mil y una noches, con el toque romántico que Irvin le impregnó a toda la obra.

Cuando llegué a Granada, parecía que se habían confabulado en mi contra el sofocante calor de aquel junio, los profesores controlándonos, mis compañeros hastiados por las horas de autobús y los numerosos visitantes y casi chafaron la idílica imagen que mi cabecita había dibujado con los colores propios de esa impaciente ansiedad, propia de quien va a conocer algo deseado con intensidad. Por suerte para mí,  mi legendaria fama de despistada acudió en mi auxilio y, como el que no quiere la cosa, me perdí durante unos breves instantes (algo más de una hora según mis profesores) durante los cuales pude, por fin, recorrer algunos de sus rincones, imaginando que paseaba cogida del brazo de Irvin, en una de esas etéreas noches, a la luz de la luna y que, sentados junto a la Fuente de Lindaraja, me contaba los cuentos que, días antes, yo había disfrutado.

Ayer, por una azarosa pirueta de El que teje mi alfombra, volví a leer mi trocito favorito, La Alhambra a la luz de la luna, tal vez por mi esencia lunática, quién sabe. Siempre vuelvo a la magia de Granada y, pase el tiempo que pase, la sensación es fresca, nueva, vigorizante y con el embriagador aroma del azahar.

Ayer lo leí de viva voz. Y hoy lo traigo a mi jardín. La Alhambra lo merece.


11 feb 2020

Acariciando la figura



Estoy escuchando los Nocturnos de Chopin y he recordado este libro que leí hace...ufff, pues cuando lo publicaron. Confieso que fue una gran sorpresa para mí, puesto que fue el primer libro de La Sonrisa Vertical que leí (siendo una adolescente). Me sedujo, ya que, embriagada por el devenir de las páginas, lo leía con la música de Chopin de fondo y mi imaginación se inflamaba... (como decía Mayra Gómez Kemp: "hasta aquí puedo leer").

Hoy día, reconozco que no puedo elegir una de sus creaciones como pieza favorita de forma atemporal...últimamente me quedo con este maravilloso Nocturne nº 20 in C-Sharp menor, la op. Posth. Dejo también el Nocturno en si bemol op. 9 número 1 a la que hace referencia este delicioso trocito.


"Ritual de la rosa

Nocturno en si bemol opus 9 número 1

Los dedos deberían acariciar con suavidad, apenas el roce de los extremos, como de puntillas, sin brusquedades, las muñecas flexibles, las palmas ahuecadas: transformar entonces esa caricia, imperceptiblemente, en cuatro breves toques; al repetir, con ligereza, jugar sobre el mismo punto, cosquilleando casi, hasta terminar en el remanso de blanca. La otra mano, la izquierda, apenas se mueve: palpa y traza círculos sobre la superficie en un lentísimo masaje, casi levitando, como si quisiera percibir el calor de una piel sin llegar a tocarla o distinguir las palabras recibiendo en los dedos el aliento que las produce. Esa mano no debe variar, forma el dulce tejido que envuelve el cuerpo, crea la figura. La figura."

Silencio de Blanca. José Carlos Somoza

Chopin, Nocturne nº 20 in C-Sharp Minor Op. Posth


Chopin - Nocturno en si bemol menor Op 9 Nº 1

20 ene 2020

Vivir con plenitud

La Chapeliere Folle


"No solamente irradiaba juventud, no. Irradiaba pasión y orgullo, la conciencia soberana de unos sentimientos incondicionales. No he conocido a ninguna otra persona que fuera capaz de responder así, de una manera tan plena, a todo lo que el mundo y la vida le daban: a la música, a un paseo matutino por el bosque, al color y al perfume de una flor, a la palabra justa y sabia de otra persona. Nadie sabía tocar como ella una tela exquisita o un animal, de esa manera suya que lo abarcaba todo. No he conocido a nadie que fuera capaz de alegrarse como ella de las cosas sencillas de la vida: personas y animales, estrellas y libros, todo le interesaba, y su interés no se basaba en la altivez, en la pretensión de convertirse en experta, sino que se aproximaba a todo lo que la vida le daba con la alegría incondicional de una criatura que ha nacido al mundo para disfrutarlo todo. Como si estuviera en conexión íntima con cada criatura, con cada fenómeno del universo... ¿comprendes lo que quiero decir? Claro, seguramente lo comprendes. Era directa, espontánea y ecuánime, y también había en ella humildad, como si sintiera constantemente que la vida es un regalo lleno de gracia."

Sándor Márai

20 jun 2018

¿Gafas?


"Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino que elige la mayoría".

Hermann Hesse, Demian (fragmento)


4 mar 2018

Nunca ha existido algo así



"Llena tus ojos de ilusión. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así."
("Fahrenheit 451", Ray Bradbury)

19 nov 2017

Domingo por la mañana



"El señor César era muy rutinario. Todos los domingos por la mañana se levantaba tarde, daba vueltas por casa en pijama y a las once se afeitaba, dejando abierta la puerta del baño.
Aquel era el momento esperado por su hijo Francisco, que tenía solo seis años, pero manifestaba ya una inclinación por la medicina y la cirugía. Francisco tomaba el paquete de algodón hidrófilo, la botellita de alcohol desnaturalizado, el sobre de los esparadrapos, entraba al baño y se sentaba en el taburete a esperar.
-¿Qué hay? -pregunta el señor César, enjabonándose la cara.
Los otros días de la semana se afeitaba con la máquina eléctrica, pero el domingo usaba todavía el jabón y las cuchillas. Francisco se torcía en el pequeño asiento, serio, sin responder.
-¿Entonces?
-Bien -decía Francisco- puede ser que tú te cortes. Entonces yo te curaré.
-Ya -decía el señor César.
-Pero no te cortes a propósito como el domingo pasado -decía Francisco severamente-, a propósito no vale.
-De acuerdo -decía el señor César.
Pero cortarse sin hacerlo aposta no lo lograba. Intentaba equivocarse sin quererlo, pero es difícil y casi imposible. Hacía de todo para estar distraído, pero no podía. Finalmente, aquí o allá, el corte llegaba y Francisco podía entrar en acción. Secaba el hilo de sangre, desinfectaba, pegaba el esparadrapo. Así cada domingo el señor César regalaba un hilo de sangre a su hijo, y Francisco estaba convencido de ser útil a su distraído padre."

Gianni Rodari

22 oct 2017

¿Y qué?



«Feliz. Solo con mis pantalones cortos, descalzo, el pelo alborotado, junto al fuego, cantando, bebiendo vino, escupiendo, saltando, correteando -¡esto sí que es vida!- Completamente solo y libre en las suaves arenas de la playa con los suspiros del mar cerca y las titilantes y cálidas estrellas, vírgenes de Falopio, reflejándose en el vientre fluido del canal exterior. Y si las latas están al rojo vivo y no puedes cogerlas con la mano, usa tus viejos guantes de ferroviario; con eso basta. Dejé que la comida se enfriara un poco para disfrutar un poco más del vino y de mis pensamientos. Me senté con las piernas cruzadas sobre la arena e hice balance de mi vida. Bueno, allí estaba, ¿y qué?»

Jack Kerouac
Los Vagabundos del Dharma

Jack Kerouac (rare footage) / Cat Power - Good Woman


14 sept 2017

Devoradores de libros VII

Carl Holsøe

«Piensas que tu dolor no tiene precedente en la historia del mundo, pero luego lees. Son los libros los que me enseñaron que las cosas que me atormentaban eran las que me conectaban con la gente viva o que había estado viva.»

James Baldwin