11 may 2020

¿Cuántas películas veis?

Reto: ¿Cuántas películas podéis identificar en esta viñeta?


10 may 2020

El beso de la esfinge

Franz von Stuck


Unas estrofas del poema de Heinrich Heine, "La esfinge", en el cual está basada una de las obras del Simbolismo alemán que más me removió en su momento, "El beso de la esfinge", de Franz von Stuck.


A la puerta, una esfinge: forma horrible
y bella al par; amable y pavorosa:
el cuerpo y garras de león temible,
el busto y seno, de mujer hermosa.

El ansioso deseo centellea
en sus inquietos ojos penetrantes;
sus rojos labios, que el deleite arquea,
sonríen satisfechos y triunfantes.

Y entona el ruiseñor tan dulce trino
que ya el impulso resistir no puedo;
y al besar aquel rostro peregrino,
en la traidora red prendido quedo.

La Esfinge sepulcral se agita y mueve;
respira el duro mármol y solloza;
cual vampiro voraz, mis besos bebe,
y absorbiendo mi sangre, triunfa y goza.

Sedienta apura mi vital aliento,
y me abraza después de tal manera,
que en mis entrañas destrozadas siento
las implacables garras de la fiera.

¡Dolor que embriaga! ¡Dicha que sofoca!
¡Sin límites las penas y los goces!
¡Néctar del cielo en su incitante boca!
¡En su garra cruel ansias feroces!

Y canta el ruiseñor: «¡Hermosa Esfinge!
¡Oh soberano Amor! ¿Qué ley tirana
toda ventura que nos das restringe
y con mortal tribulación la hermana?»

Ese problema, que mi dicha trunca,
resuelve, Amor, causante de mis daños:
yo no he podido resolverlo nunca,
y estoy pensando en él millares de años.


5 may 2020

Tu fortaleza y tu refugio




Edmund Blair Leighton


Si el mundo es tempestad, la casa es puerto;
y si es guerra la vida, ella es victoria;
pon en ella tus ansias a cubierto
y saca a dulces pastos la memoria.

A donde tú no llegues, ella alcance
con esta ley que amor le da, inefable;
ella te acoja en todo amargo trance;
que es, siendo espiritual, inagotable.

La casa te es corona y te es vestido,
y es forma tuya y es tu informadora,
y es, a la vez, tu cárcel y tu nido,
porque, siendo tu esclava, es tu señora.

....

Sé tú de ella en poder, no en abandono;
y métela en lo esquivo y en lo adverso;
quiero darte en la casa más que un trono,
aunque un trono ya es más que el universo.

Tu casa es sobre ti como un escudo
que te da majestad y fortaleza;
el enemigo romperá, sañudo,
la punta de su espada en su corteza.

....

Y te tienes a ti a mí me tienes
en acción de eficacia a par con ella;
lámpara que mantengo y me mantienes,
la casa, en nuestro oriente, es nuestra estrella.

....

Entras desde hoy, casera de mi casa,
a doble actividad en tus acciones;
una tu mano compra y la otra tasa;
con la una acoges y con la otra impones.

....

Tu casa te es descanso y te es milicia
que quiere ser y no ha de ser sin guerra;
la sombra tuya, brazo de justicia
sobre las injusticias de la tierra.

....


Estas estrofas pertenecen a un poema de Eduardo Marquina. Es de principios del siglo XX y se le conoció por sus obras de teatro, que le dieron fama y dinero. Sin embargo, comenzó escribiendo poesía que, inexplicablemente, ha pasado muy desapercibida. Aún así, tiene alguna perlita escondida. Él llamaba a su obra Teatro poético...

Y como acompañamiento para degustar la poesía de Marquina, la versión de un clásico en la dirección de uno de mis directores de orquesta favoritos.


                                          
Mozart Symphony # 36 "Linz" - CARLOS KLEIBER / VIENNA PHILHARMONIC

1 may 2020

El monólogo del vampiro

John William Polidori por F.G. Gainsford


En vuestra sangre bebo
la historia universal y las leyendas,
el confundido magma de la especie,
su memoria esencial, su herencia turbia:
los secretos radiantes de la ciencia
y las revelaciones de la magia,
las mutaciones geométricas de la luna indecisa
y el misterio del sol, que es sólo fuego.

Bebo en ese fluido
los racimos oscilantes de las constelaciones
y el dolor de las amantes de los náufragos,
la savia primigenia de los bosques
y el veneno volátil del deseo.
Bebo en ese fluido de dramática púrpura
las quimeras mezquinas de vuestros gobernantes,
el vuelo del primer pájaro
y la noticia última que ha llegado al periódico.

En vuestra sangre bebo
la espuma de los mares sin confines,
el terror apacible que es pensar en la muerte sigilosa,
la suma inconcebible de moléculas
que componen la cúpula celeste
y la suma pequeña
del tiempo que os regala el tiempo avaro.

Bebo en la sangre vuestra
la memoria dinástica del miedo al sufrimiento
y el olfato del lobo,
bebo la sinrazón de todos los linajes
y la totalidad de las noches de procreación,
bestia sobre la bestia deseantes,
al dictado lunar de la tiniebla.

En vuestra sangre bebo
los mitos, los sucesos, los rumores,
el sexo de una diosa imaginaria
y el de la parturienta que supura
un pequeño cadáver sin pasado.

En vuestra sangre bebo
el caudal metafísico de los ríos cambiantes,
la liturgia retórica del ser y de la nada,
el ruido de Estambul a mediodía
y el que hace la araña al tejer sus prisiones.

Yo bebo el universo en vuestra sangre,
en su denso fluir
hacia el caos prodigioso de la vida:
la exacta maquinaria
que surte de esplendor cuanto destruye.


Felipe Benítez Reyez