4 jun 2020

A veces...la magia existe



«A veces dos almas son creadas juntas y enamoradas incluso antes de que nazcan.»

"Hermosos y malditos", Francis Scott Fitzgerald


3 jun 2020

Acogiendo el Universo

Natalia Robledo


Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semillas.

Vicente Huidobro en "Canto II"


2 jun 2020

Cuaderno de bitácora

Jorge B.F.


Querida Natalia, 

Ayer encontré entre los restos del naufragio, este lápiz y unas pocas hojas del cuaderno de bitácora. Por fortuna, solo están escritas por una cara. Las numeraré para no perderme y, sobre todo, para que no te pierdas tú. 

Anoche pasé un frío atroz. En esta latitud, la que sea, las noches son gélidas, aunque esta mañana hace un sol de justicia y apenas puedo protegerme bajo los árboles que hay cerca de la playa. No, aún no me atrevo a adentrarme en la selva. Pero me estoy quedando sin chocolate, el pan ya está mohoso y estoy dejando desnudas las palmeras, así que dentro de poco el hambre ganará la partida al miedo. 

Supongo que te habrán llegado ya noticias sobre lo sucedido. La tormenta nos atrapó en un instante y el barco se partió en dos como si fuera de papel. No sé cómo alcancé el bote salvavidas ni cómo las olas, tras unas horas interminables, me condujeron hasta aquí, inconsciente. Suerte de los escasos víveres que he encontrado en la orilla, y suerte de las lluvias que arrecian cada poco y que me proporcionan agua. 

¿Cómo y por qué he llegado a tener tanto, y cómo y por qué lo he perdido todo? 

Ahora me siento en el tronco de un árbol derribado por el viento y veo pasar las nubes y escucho el sonido de las hojas. Puedo trazar círculos concéntricos con mi índice en la arena, sin ningún otro afán. Camino arriba y abajo por la playa, sin alejarme en exceso de la cada vez más vacía caja de víveres, con las manos tras la espalda, dando vueltas a enigmas que dejé sin resolver antes de mi marcha, pensando en cómo solucionar todos aquellos asuntos que precisaban de mi atención, como si realmente fuera a regresar algún día.

Entonces, una ola de añoranza me arrastra mucho más ferozmente de lo que me arrastró hasta aquí la tormenta. Pienso entonces en el dibujo de tus manos que dejé inconcluso, en la suerte de pellizco indoloro que sentía en el estómago cada vez que cruzabas la puerta de mi estudio para posar, serenamente, mientras soportabas estoicamente mi cháchara. Salvo aquel dia que me dijiste "¿por qué no hablas menos y me besas más?" 

Creo que te he besado menos de lo que merecías. Que te he amado con torpeza. Pero nunca he besado ni he amado tanto. 

Se está acercando la noche, ya noto el frío en la planta de mis pies desnudos. Me hubiera gustado pensarte un poco más. Mañana rescataré el trozo de papel con la marca de carmín de tus labios, que un día dejaste distraídamente en mi baño. Lo guardo dentro de un pequeño agujero junto al lecho de hojas secas en el que intento dormir. Me volveré a sentar en el mismo tronco y pensaré en el día en el que pueda acabar el dibujo de tus manos. 

No me queda ya más papel. Solo espero hallar pronto una botella y una corriente certera. ¿Crees, amor mío, que tendré tanta suerte? 

Te quiere, 

Jorge


Jorge B.F.


1 jun 2020

¿También piensas que en la vida...

Cayetano de Arques-Buigas


...de las personas hay puntos de inflexión? 

Siempre he evitado enfrentarme a esa pregunta, aprovechando mi legendario temple para sortearla mientras salía indemne. Pero hace días que está ahí, incordiando, haciéndose notar y con la certeza de que no se irá hasta que no asuma que ha llegado el momento de encararla.

Con miedo y vértigo, sí, pero no lo suficiente como para no procurar argüir una contestación verosímil, he decidido que hoy toca, así pues...¡allá voy!

¿Conoces esa sensación que sobreviene cuando comienzas a ser honesto de verdad contigo mismo? Es como quitarte la coraza que te protegía de ti mismo, como esa muralla que ves y te preguntas si es para proteger del exterior o para impedir que salgas del interior. Pues en ello estoy ahora y es doloroso porque pensaba que me conocía "a fondo", todos mis recovecos, cuevas y simas...me equivocaba. Tantos años de disciplina espartana para topografiar y explorar mis más recónditos y oscuros anhelos, para controlar al monstruo al que todos temían y que debía mantener en una jaula. ¡Qué ilusa!

Hace algún tiempo que comencé a ver mi entorno con más claridad y tengo una disposición real y honesta a valorar mis compromisos, tanto los libremente adquiridos como los que he de adquirir para conmigo. Y duele porque mi punto de inflexión nace del sufrimiento que ocasiona la certeza de que había algo que no estaba completo, que no estaba cubierto, una sensación de que no era plena, no era feliz, que a mi existencia le fallaba o faltaba alguna pieza que convirtiera al puzzle de tropecientas mil piezas en un cuadro digno de algún maestro renacentista. 

Es complicado llegar a esa conclusión si todo lo que se ve desde fuera encaja con lo que los demás esperan de ti y de tu posición, si tu vida cumple con las expectativas que se tenían de ti respecto a familia y sociedad, incluso si tú tienes momentos felices dentro de esa vida, porque forma parte de ti, tu relación en el universo material que todos ven (con una pareja que te quiere), una familia a la que adoras (aunque no exista cosanguinidad), un trabajo que te gusta (casi siempre), unos amigos que están ahí...todo ello es bueno y satisfactorio si no fuera por...lo malo, esa molesta piececita que, aunque olvidada y durmiente, se despereza de vez en cuando para recordarte que está ahí y que no has encontrado su lugar. Todo eso me ronda desde hace algún tiempo.

Y heme aquí que llego a mi punto de inflexión...donde dudo de todo, pongo el marcador a cero y valoro desde la nada lo que me hace feliz, lo que forma parte intrínseca de mí, mi Yo atómico, mi Esencia inmutable. Fuera sufrimiento absurdo e innecesario por negar que no me sentía plena, fuera ideales mochila, fuera luchar por las metas de los demás... ¿Qué me hace feliz? ¿Por qué merece la pena luchar? ¿Quién me merece? ¿Cuál es mi Verdad? ¿Qué sería si pudiese Ser? Este es mi punto de inflexión. 

Me ha asombrado descubrir, desnuda de todo lo superfluo, que ahora me encuentro explorando, como en un retorno al vientre materno, a la fuente de la vida, a la Luz de la que emanamos, las respuestas a esas preguntas, cuestionando valores que daba por buenos o de obligado cumplimiento. Reconozco que no está siendo todo lo fácil que pudiera parecer, hay momentos de ansiedad, de desesperación (soy impaciente aunque lo disimulo bien), momentos de querer coger lo que quiero sin importarme el daño que pudieran sufrir los demás (pero los quiero lo suficiente como para anteponerlos -mis principios básicos han salido reforzados-), y momentos de dudas, muchas dudas que no me han tumbado porque en el fondo, en mi esencia atómica, sé que mi destino y el propósito vital para el que me crearon está ahí, esperándome. He descubierto también que mi integridad es ahora más fuerte, más capaz, con más coraje y más honesta con quien debe serlo, conmigo.

Esta es mi Verdad.